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LOS CASALES DE LA ÉPOCA BARROCA

Los casales de Binissalem nos presentan uno de los conjuntos más notables de fachadas tradicionales de Mallorca. Nos ocupamos de las correspondientes a la época barroca. La evolución de estas fachadas tiene como punto de partida Can Llorenç, en el barrio del Pou Bo, dónde la fachada está hecha de tabicado pared antiguo revestimiento. Destacan el portal redondo con dovelas y jambas de piedra viva, las ventanas pequeñas y, sobre todo, los dos ventanucos con derrame vistas de la planta baja que son de una tipología cada día más poco conservada. El primitivismo de esta fachada remonta al inicio del siglo XVII.

No muy lejos, en la calle la Concepción, Can Sabater os muestra una fachada un poco más evolucionada dónde las ventanas de la planta superior se decoran con la típica escotadura del arco conopial. Sobre esta planta se levanta el porche, Terraza la presencia del cual todavía no tiene una repercusión estética en el acabamiento exterior.

En la plaza de la Cuartera encontramos Can Amengual, un casal que ya presenta las formas propias del siglo XVIII. La planta baja aparece desvirtuada por aperturas posteriores, pero la planta noble conserva los balcones y las ventanas de época. El porche aparece aquí de forma evidente y contribuye con su hilera de ventanas a peraltar el levantado de la fachada. Un pequeño detalle a observar es el escudo con las armas de Amengual. Dentro de una tipología parecida se encuentra Can Tous con una fachada mixta de balcones y de ventanas que se abren de forma alterna. De las ventanas del porche destaca la que tiene la ménsula de piedra de dónde colgaba la polea para subir los sacos y almacenarlos.

En los extremos del paseo del Borne se levantan dos casas del siglo XVIII que, en su día, contribuyeron a enriquecer la tipología de los casales barrocos. En primer lugar mencionaremos Can l’Ardiaca con una fachada muy racional centrada por la presencia simétrica del portal y del balcón en perfecta armonía. Al otro lado, ante la iglesia, se levanta la vicaría, en la actualidad transformada, pero que en su época fue un edificio bastante interesante. Tenía el portal en la calle vecina y hacia el Borne la fachada lateral con una galería a la italiana de tres arcos. Ésta fue un palco privilegiado sobre la vida social y festiva de tan singular espacio urbano.

Cal General Morante

Esta casa fue la antigua posada de Bellveure, porque en el siglo XVII los Gelabert, propietarios de la posesión, la compraron a los Palou que la habían hecho bastir antes del 1673. Posteriormente, el edificio fue de distintas familias hasta que en el siglo XX fue de Mateu Morante i Frau (t1934), conocido militar por el cual se mantiene el topónimo actual.

Can Morante, tanto por su situación como por su buen estado es, sin duda, uno de los mejores casales de Binissalem. Su estructura se alza como un bloque compacto de piedra alineado de forma sesgada con la calle, uno de los más importante del pueblo, conocido históricamente con nombres diversos: de la Socorrada, Major o cami de Bellveure. La fachada presenta un juego simétrico de aperturas formado por cuatro ventanas y el portal redondo rematado por un balcón en medio. Un detalle singular, que la emparenta con las casas señoriales de Palma, es el porche con columnas octogonales y la voladiza de madera.

En el interior destaca la entrada con el arco rebajado sobre pilastras y un curioso portal al fondo, rematado por un frontón triangular con plintos y bolas de piedra todo de un estilo manierista popular. Tampoco podemos olvidar aquí el interés de la soladura con dibujos geométricos formados por guijarros y cantos rodados que centellean pulidos por el paso del tiempo.

Antes de seguir calle arriba, vale la pena que contempléis la fachada lateral de Can Enric Sureda. Fijaos en la armonía que tienen las tres ventanas abiertas en disposición triangular todo remarcando un ritmo visual ascendente que encuentra respuesta en la cuarta ventana abierta al porche.

Can Garriga

También conocida por Can Torró, es un casal singular que destaca por la longitud de su fachada y por el patio barroco que se alza acto seguido al paso de entrada. Este edificio, ya en el 1728, era la casa más valiosa del pueblo, reconstruida sobre propiedades anteriores desde el siglo XVII. Las reformas se han de atribuir a los Garriga, una familia de notarios, y a sus sucesores, los Costurer, de los cuales fue un ilustre descendiente el jesuita Jaume Costurer i Garriga (1657-1715).

La fachada mantiene un buen portal redondo de piedra viva, un balcón situado de forma asimétrica y una larga hilera de ventanas de alféizar con moldura en la planta principal. Por el paso de la entrada se llega al patio que tiene pretensiones ciudadanas, al igual que el de Can Gelabert de la Portella. El conjunto, que sólo restó principado en el siglo XVIII, destaca por los dos arcos carpaneles que arrancan sobre columnas de factura barroca. Cerca se encuentra el gran cuello de fuente con los herrajes de dónde cuelga la polea. Pese a encontrarnos en un espacio arquitectónico inacabado, debemos decir que este lugar tiene un hechizo particular, porque posee una romántica perspectiva hacia el jardín-huerto dónde se levanta un típico cenador con columnas y bancos de piedra.

Can Marc

Se trata de otro buen ejemplo de casal de la época barroca que destaca por la fachada de la primaría del siglo XVIII, pero reformada allá por el 1770, con tres balcones decorados con hierros artísticos de estilo Luís XV. Esto explica la asimetría que se observa entre el portal redondo y el balcón central.

Casa principal de la familia Salom de la Torre, el edificio se conserva de forma espléndida y mantiene todos los elementos propios de cómo era una casa de la clase rica de binissalem. Destacan la bodega, los dos lagares, los establos, el corral y el huerto trasero, aparte de los interiores.

Una de las mejores partes de Can Marc es la planta baja aparece la entrada con dos arcos que remarcan las tres crujías existentes. En la del fondo se levanta la caja de la escalera que da acceso a la planta superior. Desde la entrada hay un portal directo a la bodega y también se pasa a los estudios, al comedor y a la cocina. La presencia de algunos muebles típicos ayuda a reavivar el ambiente tradicional de la casa mallorquina. Por último, queremos remarcar la existencia de numerosos casales situados en el centro histórico de Binissalem que se adaptan, en más o menos variantes, a las tipologías comentadas. Algunos de ellos están un poco apartados como, por ejemplo, los que hay en Robines: Can Moià, Can Julianoi, CanGarrover, etc. Un buen complemento de las casas son las dependencias anejas dónde sobran bellos portones para los carros grosse Tore, y las tapias que cierran corrales y huertos.

Coordenadas UTM 31N ETRS89 (486563, 4393198). Copyright 2009 Ayuntamiento de Binissalem.
Reservados todos los derechos.

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